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  • La excusa de “lo biodegradable”
    05/10/2016
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La excusa de “lo biodegradable”

  • 05-10-2016

Aunque los restos de comida son efectivamente biodegradables, es importante saber las consecuencias que puede llegar a tener un simple gesto como es tirar los restos de frutas o verduras al suelo, partiendo de la ineludible premisa de que respetar la naturaleza también supone no tratarla como un basurero.

Cuántas veces hemos salido al monte con compañeros, amigos o excursiones de la clase y, después del almuerzo, los restos de comida han terminado en el suelo con la excusa del “como es biodegradable…”.

Efectivamente las mondas, por ejemplo, de las frutas son biodegradables. Biodegradable es “el producto o sustancia que puede descomponerse en los elementos químicos que lo conforman, debido a la acción de agentes biológicos, como plantas, animales, microorganismos y hongos, bajo condiciones ambientales naturales.”

En este sentido, los restos de comida cumplen este requisito. Pero, ¿Nos hemos preguntado alguna vez el impacto que estos restos generan? ¿O cuánto tiempo van a estar ahí esos desperdicios? ¿O si es la naturaleza el espacio en el que depositar los restos de nuestra basura?

Reducir nuestro impacto


Uno de los principios del senderismo o de cualquier salida al campo o al monte es aquel que dice que es mejor “pasar sin dejar huella”. De alguna manera, como invitado privilegiado de los espacios naturales, el ser humano tiene la responsabilidad de reducir a la mínima expresión su impacto. Impacto que de otra forma sería amenazante para el entorno en el que estamos de excursión, por ejemplo.

El primer asunto que debemos tener en cuenta cuando tiramos restos orgánicos al monte es el impacto visual y los malos olores que generan. Es cierto que acabará descomponiéndose, pero antes de esto nuestro desperdicio se mantendrá allí durante bastante tiempo. Hay que tener en cuenta algunos datos: el corazón de una manzana tarda 2 meses en desaparecer del medio, las cáscaras de fruta, de 2 a 6 meses, los pañuelos de papel 3 meses, los pañales 400 años, los chicles 5 años… Además de que, por pura psicología del comportamiento humano, tendemos a comportarnos de una manera más sucia en ambientes más sucios (“basura llama a basura”), de manera que se puede llegar a una acumulación de residuos que dificulte además su biodegradación.

También hay que contar que estos comportamientos suponen en sí una alteración del medio. Nuestro desperdicio puede convertirse en una fuente de alimento que puede alterar el estado y comportamiento de las poblaciones naturales beneficiando a determinadas especies (moscas, ratas, ortigas, ...) o cambiando su comportamiento. Y hay que tener especial cuidado con frutos y plantas no autóctonos. Por ejemplo, las semillas de frutas tropicales pueden llegar a germinar y, si prosperan, son una nueva colonización de especie invasora con los peligros que esto conlleva.

La basura, a su lugar adecuado


Cuando salimos de excursión, es indispensable llevar una bolsa de basura con nosotros. O, mejor aún, varias, para poder separar correctamente los residuos. También puedes preocuparte por generar menos residuos, llevando la comida en una fiambrera, por ejemplo, en vez de envuelta en papel de aluminio. Y, sobre todo, tener extremo cuidado con no dejar desechos en las proximidades de los ríos y masas de agua, ya que son fácilmente contaminables.

En definitiva, hay que mentalizarse de que lo mejor para el medio ambiente es recopilar los restos orgánicos en bolsas y depositarlas en las papeleras o contenedores más cercanos para evitar su desprendimiento. Y, si no hay lugares habilitados en las cercanías, asegurarse de mantener las bolsas o recipientes bien cerrados hasta que volvamos a casa.

Compostar, una solución educativa


Una manera divertida y práctica de concienciar y motivar a los más pequeños en el cuidado de los espacios naturales es la de utilizar los restos de la comida para hacer compostaje en casa o en el colegio. Compost que luego usaremos como abono orgánico para la jardinería, por ejemplo.

El compost joven, aquel que se saca de la compostera al cabo de dos o tres meses, es apropiado en el uso como acolchado, para proteger el suelo de la erosión, heladas, proliferación de malas hierbas… El compost maduro, por su parte, se obtiene tras 6-9 meses en la compostadora, y es el que presenta las mejores características nutritivas como abono.

Podemos plantear la instalación de un compostador en el colegio. O fabricar o adquirir uno más pequeño para el aula. Podemos incentivar así a los alumnos para que recojan los restos después de una excursión o de los recreos, y utilizar después este compost en actividades de cuidado de plantas o mantenimiento de una pequeña huerta ecológica.

A continuación os dejamos un enlace a un video donde nos enseñan a hacer compost casero.